El vuelo aterrizó suavemente en las Islas Maldivas. Luciana miró por la ventanilla y vio un mar tan azul que parecía imposible. Palmera tras palmera se movía con la brisa cálida, y Dante tomó su mano con una suavidad que la hizo estremecer.
—Bienvenida al paraíso —susurró Dante, mientras la bajaba del avión y su mano no la soltaba.
El resort era un pequeño refugio privado, con bungalows flotando sobre el agua cristalina.
Cuando entraron en su habitación, el olor a flores exóticas y la vis