Teatro San Giordano — medianoche.
El viento nocturno atravesaba las grietas del techo como un susurro. El escenario seguía cubierto de polvo y astillas.
Las luces del teatro parpadeaban, como si el lugar mismo supiera que esa noche sería su última función.
Arianna subió al escenario.
El sonido de sus tacones rebotó entre las butacas vacías.
Llevaba el vestido oscuro pegado al cuerpo, el cabello suelto, y una mirada que no temblaba más.
De pronto, la puerta lateral se abrió.
—Arianna… —la voz se