La Villa Leone respiraba una paz distinta.
Habían pasado semanas desde la pedida de mano de Luciana, y poco a poco la casa volvía a llenarse de risas, de aromas dulces, de pequeños proyectos que devolvían sentido a los días.
En la terraza, Arianna contemplaba el jardín mientras el sol se filtraba entre los rosales. A su lado, Greco sostenía una copa de vino tinto, ese que ahora llevaba su nombre grabado en la etiqueta.
—He estado pensando —dijo Arianna, con voz suave pero firme—. Quiero v