La puerta del despacho se abrió y Adrián entró con la eficiencia de un reloj suizo, cargando una caja de botiquín en una mano y varias bolsas negras con el logotipo de tiendas de lujo en la otra, sin embargo, su rostro habitualmente estoico mostraba una grieta de urgencia.
Señor —dijo, dejando las cosas sobre una mesa lateral—, seguridad informa que el coche de Gael Armand acaba de entrar en el parking subterráneo a toda velocidad y ha ignorado el control de acceso.
Nuria dio un respingo en el s