La casa estaba en silencio.
Era extraño, en las últimas semanas siempre había ruido: botas en el pasillo, radios de seguridad, Konstantin dando órdenes o el servicio yendo de un lado a otro.
Hoy solo se oía el zumbido de la nevera en la cocina y el pitido constante del monitor en la habitación de invitados.
León entró con dos tazas, una de café solo para él y otra de descafeinado aguado para Nuria. Nuria estaba despierta, mirando el techo, seguía con la vía puesta y tenía esa cara de quien llev