Mundo ficciónIniciar sesiónLlovía, no era una tormenta, sino una lluvia fina y molesta que calaba los abrigos y empañaba los cristales de los coches negros aparcados en fila.
León bajó del coche y abrió el paraguas para cubrir a Nuria y a Alex. El cementerio estaba vacío, salvo por ellos y dos sepultureros que esperaban a unos metros, fumando un cigarrillo con cara de aburrimiento. Konstantin había comprado el panteón familiar hac&iacu







