León se sirvió un whisky, eran las diez de la mañana, pero daba igual. En su casa ya no mandaba él, mandaba un ruso con bastón, Alex estaba castigado en su cuarto sin Tablet, Nuria dormitaba en el salón vigilada por dos tipos que parecían armarios empotrados.
La puerta del despacho se abrió sin llamar por supuesto, Konstantin entró y cerró con cuidado, caminó hasta el escritorio y se sentó en el sillón de visitas como si fuera el dueño del edificio.
—Alex está bien —se adelantó León—. Fue un er