La puerta del despacho se cerró con un golpe que hizo vibrar las estanterías de caoba, León giró la llave en la cerradura y la guardó en su bolsillo, un gesto definitivo que gritaba: de aquí no sales.
Nuria retrocedió hasta que su espalda chocó con el escritorio, respiraba agitadamente, como un animal acorralado.
León se giró, se había quitado la chaqueta y ahora se aflojaba la corbata con violencia, como si la tela le estuviera estrangulando, caminaba hacia ella con pasos lentos, pesados, carg