Parque Central de Andraka
El mundo se había reducido a tres personas, un hombre destrozado, una mujer aterrorizada y un niño que miraba alternativamente a uno y a otro confundido por la electricidad estática que flotaba en el aire.
Vámonos Alex —dijo Nuria, con la voz temblorosa, agarró la mano de su hijo con fuerza, tanta que el niño se quejó.
Mamá, me haces daño…
He dicho que nos vamos. —Nuria tiró de él, dando media vuelta, intentando huir de la verdad que acababa de estallarles en la cara.