Nuria se quedó inmóvil, pegada a la madera de la puerta, sintiendo cómo el corazón le golpeaba las costillas, estaba vestida solo con el conjunto de encaje y seda color vino tinto, expuesta a la mirada del hombre que dominaba la ciudad y que, en ese momento, la dominaba a ella con solo mirarla.
León dejó el libro sobre la mesa auxiliar, se levantó del sillón con una fluidez depredadora, sus pies descalzos hundiéndose en la alfombra persa, su torso desnudo era una pared de músculo y vello oscuro