Nuria despertó con el sonido del mar golpeando los acantilados bajo La Fortaleza, pero lo que la sacó del sueño no fue el ruido del agua, sino la ausencia de calor a su lado, estiró la mano sobre la sábana gris, buscando instintivamente el cuerpo sólido de León, solo encontró tela fría. Abrió los ojos, parpadeando ante la luz grisácea de la mañana que se filtraba por las cortinas, su cuerpo se sentía diferente: pesado, dolorido en los músculos internos, pero vibrante, las marcas de las manos de
MARA VELUM
León Armand tiene ese combo peligroso de fuerza, misterio y lealtad que derrite corazones. Pero cuidado... los leones no se dejan domar tan fácil.