Capítulo 78.
POV Santiago.
La melodía finalizó de repente, como si el universo hubiera decidido rescatarme... o condenarme en el acto. No estoy seguro. Lo único que percibí fue el vacío abrumador al soltarla de mis brazos, un hueco que se abrió en mi pecho como una herida fresca. Martina. La mujer que siempre intentaba recordarme quién era, qué éramos, como si cada palabra suya fuera un hilo tirando de las sombras en mi mente, intentando arrastrarme de vuelta a la luz. Pero lo más doloroso no era lo que explicaba con esa paciencia infinita; lo más angustiante era lo que sentía, un torbellino de emociones que me golpeaba sin piedad, un anhelo que no podía nombrar pero que me consumía.
Sus ojos me miraron aún después de que la música se detuviera, brillantes con una mezcla de esperanza y dolor que me estrujaba el alma. Y yo, tonto, me descubrí queriendo que la melodía nunca finalizara, que el vals nos mantuviera eternamente en esa burbuja de proximidad donde el mundo exterior —con su amnesia, sus re