Capítulo 77.
POV Martina.
No sé cómo pude controlarme después de ese ataque de celos de Santiago; era un avance más, un rayo de luz en la oscuridad de su amnesia, pero él seguía manteniendo esa distancia infranqueable entre nosotros, un muro invisible que me torturaba. Yo entendía —Dios, cómo entendía— su confusión, el terror a fallarme de nuevo, a no ser el hombre que recordaba en mis sueños. Pero añoraba un beso, una caricia suya que borrara años de ausencia, una mirada cargada de amor y deseo que me hiciera sentir viva de nuevo. Ahora contaba con algo más: la certeza de que seguía allí, en sus recuerdos olvidados, luchando por emerger. Cada destello de celos era una grieta en su armadura, un eco de nuestro pasado que me daba esperanza... y me rompía un poco más.
Esta noche, de repente, se desató la tormenta sin previo aviso, un cataclismo que parecía reflejar el caos en mi alma. Los rayos iluminaban los grandes ventanales de la mansión como flashes de ira divina, mientras el estruendo del truen