Capítulo 79.
POV Martina.
Los días posteriores a aquella noche en que Santiago me abrazó y me llamó "su hogar" se convirtieron en un delicado equilibrio entre esperanza y agonía, un drama que se desplegaba en cada mirada, cada silencio no dicho. No fue un milagro ni la recuperación total de su memoria —eso habría sido demasiado fácil, demasiado perfecto para nuestra historia marcada por el dolor—, sino un alivio frágil en medio del caos, como abrir una ventana en un cuarto sombrío y polvoriento: el espacio seguía cargado de sombras, de recuerdos rotos y ausencias que dolían como heridas abiertas, pero al menos la luz había entrado, un rayo tenue que prometía más, aunque amenazara con desvanecerse en cualquier momento.
Esa chispa me impulsó a planificar algo novedoso, un acto de desesperación disfrazado de esperanza. Los silencios en la mansión —esos vacíos que se extendían como abismos entre nosotros—, las memorias ocultas que acechaban en cada rincón, y la tensión latente que nos sofocaba como un