Capítulo 75.
POV Martina.
Los días pasaban como un río lento pero inexorable, arrastrando consigo fragmentos de esperanza y dolor, y poco a poco Santiago se acoplaba a la empresa, reviviendo ecos del jefe que muchos recordaban con reverencia y temor. El sonido de mis zapatos de tacón resonaba en los pasillos de la compañía como un eco de autoridad conquistada, combinándose con el de sus pasos firmes a mi lado —pasos que ya no vacilaban tanto, que ganaban en determinación con cada jornada. Él caminaba con la postura recta, la mirada seria pero no completamente ausente, absorbiendo cada detalle: las oficinas relucientes, los empleados que se detenían en seco al verlo, susurrando entre sí con una mezcla de incredulidad y respeto. Nadie se aventuraba a hablar demasiado; la tensión era palpable, un velo eléctrico que cargaba el aire: el jefe había regresado del más allá, aunque no completamente como antes, con sombras de amnesia acechando en sus ojos.
Al llegar a la sala de juntas, comencé a exponer la