Capítulo 74.
POV Martina.
Las noches en la mansión se habían vuelto interminables, un velo de quietud opresiva que se extendía como una niebla espesa, absorbiendo los muros de mármol, sofocando los pasillos y filtrándose entre las puertas cerradas como un veneno sutil. Cada hora que pasaba en vela era un recordatorio cruel de lo que había perdido: no solo a Santiago, sino a la intimidad que una vez nos unía, esa conexión que ahora pendía de un hilo frágil, tenso hasta el punto de romperse. Él descansaba en