POV Manuela.
El olor a humo me golpeó como una bofetada antes de que el camino privado se abriera ante mis ojos. Al principio, mi mente racional lo descartó: algún idiota de los viñedos quemando rastrojos secos, el viento trayendo la peste hasta Posillipo. Pero entonces vi la columna negra, densa, retorcida, ascendiendo al cielo como una serpiente venenosa que se tragaba el sol poniente. Mi pie pisó el acelerador hasta el fondo; el motor del Maserati rugió como un animal herido, devorando el as