Cuando Azhren salió del estudio del Gran Alfa, aún llevaba encima la presión de la reunión que lo había mantenido encerrado allí por más de tres horas. Se dirigía con cierta prisa hacia la alcoba que le habían asignado, deseoso de descansar y ordenar en silencio sus propios pensamientos.
Fue en medio de ese trayecto, entre columnas altas y la penumbra dorada de los candelabros, que la escena lo obligó a detenerse. En dirección contraria avanzaba la loba de cabello naranja, acompañada por Beatri