Azucena alzó la mirada, dudosa.
—¿Cree que podrá hacerlo? —preguntó con intriga.
—¿Acaso dudas de mi fuerza, loba? —gruñó Askeladd—. Es un simple collar de hierro. Según tú, funciona como un sello para suprimir gran parte de tu don. Sin embargo, no creo que sea indestructible. Así que lo haré, y no seré cuidadoso. Probablemente te lastime.
Azucena tragó saliva. La sola idea de liberarse de ese maldito collar que le había puesto Milord, la llenaba de un regocijo indescriptible.
—Con tal de que m