C68: Máteme, mi señor.
Azucena permaneció paralizada, atrapada en una confusión que le impedía reaccionar con claridad ante lo que Askeladd acababa de revelarle. Milord estaba convencido de que ella lo amaba. Esa certeza expresada con tal firmeza la dejó desorientada. ¿Cómo podía creer algo semejante? ¿De dónde había sacado esa convicción?
Su mente empezó a llenarse de preguntas y recuerdos que no lograba ordenar. Pensar que aquel lobo, el mismo que había destrozado cada rincón de su existencia, se atreviera a asegur