C53: Tómeme.
De pronto, Askeladd descendió lentamente hasta quedar entre las piernas de Azucena, acomodando su cuerpo con la naturalidad de un depredador que sabe exactamente cómo mover cada músculo. Su rostro quedó peligrosamente cerca de su intimidad, y la tela del vestido de ella, que se había subido sin que lo notara, dejaba al descubierto la ropa interior que aún cubría lo más sensible de su piel.
Con una lentitud provocadora, él inclinó la cabeza y dejó que la punta de su nariz se deslizara suavemente