C131: Primero los mataré a todos.
Las plazas de Asis dejaron de ser plazas y se convirtieron en anfiteatros de rabia. La gente también empezó a reunirse en torno a los molinos y a las puertas de los depósitos. Lo que comenzó como pequeñas filas reclamando raciones pronto mutó en huelgas. Cada oficio que se sumaba multiplicaba el volumen de la protesta; cada fábrica que paraba añadía manos vacías a la marea. Los manifestantes no eran masas anónimas: eran lobos y lobas con ojos enrojecidos por la fatiga, con garras y músculos ten