Al escuchar esas palabras, Azucena sintió cómo la sangre se le helaba en las venas y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Su rostro se tornó pálido de inmediato. La declaración del Beta era clara: no le brindaría su ayuda. El hecho de que Ragnar no fuera a protegerla o mediar a su favor le generaba un miedo y desamparo que la dejó sin aliento.
Azhren, por su parte, adoptó un tono aparentemente cordial.
—Muchas gracias, señor Ragnar, siempre tan considerado —el comentario, aunque en apariencia c