El convoy de la Guardia de Hierro rugía por la carretera interestatal 5, en dirección norte hacia Everett.
La atmósfera de la Tierra, ahora teñida de un verde fosforescente por el Escudo de Mateo, vibraba con cada descarga de los satélites enemigos.
En el centro del camión líder, la estatua de cristal de Mateo emitía un zumbido constante, una nota baja que parecía un lamento.
Valeria no soltaba la mano de cristal de su hijo, sintiendo pequeñas descargas eléctricas que le recordaban que, en a