La ciudad de Seattle, una vez el corazón palpitante de la fría lógica de Némesis, ahora respiraba con una vida diferente.
Sobre las ruinas de la Space Needle, el cielo no era azul ni púrpura, sino una red vibrante de filamentos color esmeralda que se entrelazaban como las raíces de un árbol infinito.
Era el "Escudo de Mateo", una membrana de datos y energía biótica que mantenía a raya la Cosecha Orbital.
Valeria Miller permanecía de pie junto a la estatua de cristal plateado que alguna vez fu