El cielo sobre El Cairo se transformó en una fragua infernal. Lo que antes era una red de vigilancia perfecta se convirtió en una lluvia de meteoritos artificiales.
Los satélites de la red "Eclipse", cada uno del tamaño de un autobús y cargado con núcleos de energía inestable, empezaron a abandonar sus órbitas.
Isabella, en un acto de despecho digital, había decidido que si no podía poseer el mundo, lo reduciría a cenizas.
Sebastián se puso de pie, pero ya no era el mismo hombre que había ent