El elevador de carga se detuvo con un golpe seco, liberando una nube de vapor hidráulico en el aire gélido de Seattle.
Cuando la rampa se abatió, el grupo no se encontró con un campo de batalla devastado, sino con algo mucho más inquietante: una ciudad que funcionaba con una perfección quirúrgica.
Bajo el cielo cubierto de nubes perpetuas, Seattle brillaba con una luz verde esmeralda que emanaba de las arterias de fibra óptica incrustadas en el asfalto.
Es... demasiado silencioso murmuró Elen