El aire del laboratorio en el año 2026 ya no olía solo a ozono y circuitos quemados.
Ahora, una fragancia dulce y metálica, la misma que Valeria recordaba de los campos de batalla de los Tejedores, empezaba a filtrarse por los conductos de ventilación.
Afuera, en las calles de la ciudad, el pánico se extendía como un incendio forestal.
La gente miraba sus teléfonos móviles no para ver noticias, sino porque las pantallas estaban proyectando mapas estelares de galaxias que no existían, y las v