Después de la brutalidad de la represa del Mississippi, los suburbios del oeste de Chicago, conocidos antes como Aurora, parecían un espejismo de otro siglo.
Al cruzar la línea divisoria de la zona urbana, el aire dejó de oler a azufre y se volvió extrañamente dulce, como flores de plástico.
Las calles estaban limpias, el césped de las casas era de un verde perfecto y las luces de las farolas emitían un brillo cálido y acogedor.
Esto no está bien susurró Valeria, bajando el volumen de su lanz