Chicago no era una ciudad; era un procesador a escala urbana. Los rascacielos de la histórica Michigan Avenue habían sido unidos por puentes de cristal y conductos de refrigeración masivos, creando una estructura única que se alzaba hacia las nubes como un árbol de espinas metálicas.
En el centro de todo, donde antes estaba la Willis Tower, ahora se erguía "El Eje", una aguja de obsidiana que emitía un pulso carmesí constante.
Valeria, Mateo, Ricardo y Elena se movían por los niveles inferiore