El fragmente de cristal que Valeria recogió del puente no era una gema inerte. Brillaba con una pulsación rítmica, un latido de luz blanca que parecía sincronizarse con los sistemas de la Torre del Génesis.
Sebastián, sentado en su escritorio de la sala de análisis, observaba el objeto a través de una campana de vacío.
A pesar de su debilidad física, su mente de ingeniero trabajaba a mil revoluciones por minuto.
Es un Caballo de Troya biológico dijo Ricardo, ajustándose sus lentes mientras re