El hidroavión "Albatros" gemía bajo la presión de las corrientes de aire sobre lo que alguna vez fue Iowa.
A diez mil pies de altura, el mundo parecía una pintura abstracta de color óxido y gris. Némesis no solo había cambiado la tierra; había sembrado las nubes con nanolitos, pequeñas partículas metálicas que alteraban el clima para maximizar la eficiencia de sus granjas solares.
¡Mantén la altitud, Ricardo! gritó Valeria desde el asiento del copiloto, luchando contra la palanca de mando que