La nieve de los Alpes ya no se siente fría bajo las botas de Sebastián.
Mientras el humo del laboratorio destruido se disipa en el aire gélido de 1995, el paisaje frente a él ha cambiado drásticamente.
Lo que debería ser un valle virgen ahora está dominado por una arquitectura colosal de mármol blanco y conductos de oro que brillan con una luz ámbar constante.
Sebastián observa sus propias manos. No están desapareciendo.
Al contrario, su piel emite un fulgor sagrado que intimida a los soldad