El cielo de Siberia no es azul, sino de un tono violeta artificial debido a los campos de fuerza que el Vaticano de la Sangre ha desplegado para contener la Herejía.
La nave imperial de Sebastián, una mole de cromo y cristal que desafía las leyes de la física, desciende sobre la tundra blanca con una elegancia aterradora.
Las turbinas de plasma disuelven la nieve instantáneamente, revelando el suelo estéril y congelado que ha servido de refugio a los últimos humanos puros.
Sebastián sale de l