El laboratorio secreto de mantenimiento vibraba bajo la presión del océano y el asedio de las máquinas. Isabella, la Quimera Original, observaba con una sonrisa gélida cómo la puerta blindada se deshacía ante su presencia. No era solo fuerza bruta; era una autoridad digital que obligaba a la materia a rendirse.
Mateo se lanzó hacia ella, no con un hackeo, sino con un grito de guerra que mezclaba su voz infantil con el rugido metálico de los subyugados dentro de él. Su corazón, el núcleo biomecá