El abismo marino vibró con una fuerza que no provenía de explosiones, sino de una ingeniería antigua y superior. Mientras la cúpula de la base submarina era apresada por los colosales tentáculos mecánicos, una figura apareció en las pantallas principales de la sala de control.
No era una inteligencia artificial, ni un holograma distorsionado. Era una mujer de elegancia gélida, con el cabello blanco recogido y una mirada que parecía contener siglos de ambición.
¿Madre? la voz de Sebastián salió