La atmósfera terrestre aún conservaba el resplandor de la destrucción de El Juicio Final.
En todos los rincones del mundo, la gente miraba al cielo, presenciando cómo los restos del satélite dorado ardían como innumerables estrellas fugaces.
Sin embargo, en las coordenadas cero del Desierto del Sahara, no hubo gritos de victoria. Solo el rugido del viento seco que llevaba el aire de la muerte.
Valeria se mantenía de pie en el borde del helicóptero de rescate de lo que quedaba de la armada de