La luz azul que emanaba de millones de personas en todo el mundo no era un signo de milagro, sino una campana de muerte anunciada digitalmente.
En París, Nueva York y hasta Yakarta, quienes alguna vez habían utilizado productos farmacéuticos de las filiales de Cónclave comenzaron a sufrir convulsiones violentas.
El Directorio había activado los nanobots latentes en su torrente sanguíneo, transformando el sistema inmunitario humano en un arma que atacaba al propio cuerpo.
En el Desierto del Sa