El cielo sobre el Mar Rojo, que poco a poco comenzaba a calmarse después de la muerte de la Madre de la Sangre, ahora se abrió paso a un rayo de luz roja sangrienta que descendía desde la parte superior de la atmósfera.
Esa luz no era una explosión, sino un barrido térmico a gran escala. El satélite El Juicio Final había localizado la armada de Ouroboros.
Sebastián se mantenía de pie en la cubierta del portaaviones, que aún temblaba.
Su armadura negra vibraba intensamente, emitiendo un ruido