La cápsula de escape de la estación Astra 01 flotaba como un pequeño ataúd de metal en la vastedad del Océano Pacífico. El golpe contra el agua había sido brutal, una colisión que deformó el fuselaje y rompió los últimos vestigios de tecnología de punta que quedaban en su interior. En el silencio opresivo que siguió al impacto, solo se escuchaba el goteo de agua condensada y el siseo del oxígeno filtrándose por una válvula dañada.
Sebastián De la Cruz recuperó la consciencia lentamente. El sabo