El búnker de hormigón vibraba como si estuviera en el epicentro de un terremoto. Polvo y trozos de techo caían sobre la consola donde la imagen de Sebastián acababa de desvanecerse.
El estruendo exterior no era de una explosión, sino del peso masivo de algo que caminaba directamente sobre sus cabezas.
"El Segador" susurró Aris, con el rostro pálido y las manos temblando mientras ajustaba su máscara de filtrado. Pensé que era solo una leyenda de los buscadores de chatarra. Dicen que es un motor