El impacto del VTOL contra las paredes internas del volcán extinto fue un estruendo de metal desgarrado que resonó en el abismo. La aeronave, privada de sus motores por el pulso electromagnético biológico de Thorne, se deslizó por la ladera de azufre y ceniza hasta quedar encastrada en una saliente de roca volcánica, a unos cien metros del fondo del cráter.
Sebastián fue el primero en moverse. El humo del aceite quemado llenaba la cabina. Con un esfuerzo sobrehumano, pateó la puerta deformada y