La Tierra Nueva ya no era el paraíso bucólico que Valeria había soñado.
Bajo el cielo fragmentado donde mil soles de diferentes eras parpadeaban simultáneamente, el paisaje se había convertido en un collage esquizofrénico de la historia humana.
En un horizonte se alzaban los rascacielos de cristal líquido del siglo XXXII, mientras que en el otro, dinosaurios de neón pastaban entre las ruinas de una Nueva York que nunca llegó a ser.
Valeria Miller respiró el aire saturado de ozono y estática tem