Damián dio un paso hacia mí, pero yo retrocededí. El frío de la corona de espinas volvió a cobrar fuerza, extendiéndose por mis sienes como una armadura que yo misma estaba invitando a entrar.
—No, Lia. No le des ese gusto —suplicó Damián—. Ella quiere separarnos. Ella sabe que juntos somos más fuertes.
—Ella sabe que tu amor es una debilidad que puedo explotar —intervino Valerius, acercándose a mí—. Lia, tienes que decidir. ¿Serás la mujer que se aferra a un Alfa mientras su pueblo arde, o