capitulo 84

La lluvia golpeaba con una violencia rítmica contra los ventanales de la alcoba real, pero dentro de esas paredes de piedra, el único sonido que importaba era el roce de la seda contra el suelo. Me miré en el espejo de cuerpo entero, observando a la mujer que me devolvía la mirada. Ya no había rastro de la niña que mendigaba amor; solo quedaba una reina que vestía su dolor como una armadura de terciopelo negro.

Damián estaba detrás de mí, mantenie
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