capitulo 83

El olor a sangre fresca y a tierra mojada todavía se aferraba a las paredes del gran salón, un recordatorio metálico de la ejecución que acababa de presenciar. No sentía el vacío que esperaba; sentía una plenitud oscura, una satisfacción gélida que me recorría la columna mientras me despojaba de mis guantes de cuero negro, manchados con el rastro de mi pasado.

Damián estaba allí, de pie frente al ventanal, observando cómo la manada se dispersaba bajo la lluvia tras la caí
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