El rastro de la magia de Tania en el bosque no era solo visual; era una náusea física que trepaba por mis pantorrillas mientras avanzábamos entre los troncos retorcidos. Aunque Silas había sido liberado, el aire seguía pesado, cargado de una estática violeta que hacía que mi nueva corona enviara punzadas de advertencia directamente a mi espina dorsal.
Damián caminaba a mi lado, tan cerca que su brazo rozaba el mío con cada paso. Su presencia era un ancla de calor volcánico en un mundo que emp