El bosque era un borrón de sombras y plata mientras mis pies golpeaban la tierra húmeda. Cada fibra de mi ser vibraba con una mezcla de pavor y triunfo. Había escapado de la boca del lobo, literalmente. El aroma de Damián —ese sándalo ardiente y tormenta eléctrica— aún parecía impregnado en mis poros, una marca invisible que quemaba más que las runas que Kaelen me había grabado.
Llegué al punto de encuentro en el Valle de los Helechos mucho antes que los demás. Mi respiración era errática, no