Caminé hacia las escaleras que llevaban al Gran Salón. Cada paso que daba, sentía cómo el poder de la Luna de Sangre crecía, alimentándose de la proximidad de mi enemigo. Ya no había rastro de la chica que suplicaba. Solo quedaba la reina que venía a reclamar su tributo.
Llegué a las grandes puertas dobles. Los guardias del salón, confundidos por la conmoción en la torre norte, no esperaban un ataque desde las mazmorras. Antes de que pudieran reaccionar, extendí mis manos y las puertas se abr