El vínculo de pareja era una maldición, pero también era un puente. Y en ese puente, esta vez, yo pondría los explosivos.
Al alba, los preparativos comenzaron. Los parias afilaban sus garras y sus dagas. Los desertores de la manada de Damián, hombres y mujeres con rostros curtidos por el trabajo y la injusticia, practicaban con arcos rudimentarios. Yo me vestí con una armadura ligera de cuero rúnico que Kaelen había sacado de un antiguo cofre de los Ancestrales. Se ajustaba a mi cuerpo como u